lunes, 17 de noviembre de 2014

Usemos Con Responsabilidad Nuestra Voz En Redes Sociales

Nuestra Voz En Redes Sociales.
Hace unas semana circuló por Internet un vídeo en el que un jugador profesional de fútbol, de hecho uno de esos que muchos llaman “leyenda”, muy famoso el señor, golpeaba a su novia mientras (aparentemente) se encontraba bastante pasado de tragos.

El vídeo en cuestión prontamente se hizo popular, y los comentarios (tanto positivos como negativos) comenzaron a surgir en la red, como siempre ocurre en este tipo de casos.

Pero independientemente de los comentarios que el tema generó, lo que realmente llamó mi atención fue tener nuevamente la oportunidad de comprobar como hoy en día, cualquier persona equipada con un teléfono móvil, una tableta o cualquier dispositivo parecido, y simplemente con una conexión a Internet y una cuenta en cualquier red social, puede denunciar todo tipo de situaciones, tanto ciertas como falsas, reales o inventadas.

Y es algo que todos, absolutamente todos, debemos tomar en cuenta, tengamos o no tengamos negocios: Cualquier persona con la que tengamos una interacción, sea ésta positiva o negativa, a nivel profesional o personal, tiene la total capacidad (si así lo quiere hacer) de compartir su opinión con la comunidad que le sigue y le lee, pudiendo convertirse de esta manera, tanto en un “embajador” de tu empresa, en el mejor de los casos, como en tu “peor pesadilla”.

Es una decisión que está única y exclusivamente en sus manos. Y ese es el gran riesgo (o la gran oportunidad) para la reputación de tu empresa, e incluso de tu persona.

Con grandes poderes, vienen grandes responsabilidades.


Hoy quiero detenerme no en tu lado como empresario, sino en tu lado como individuo que compra cosas en empresas de todo tipo, desde el mismo establecimiento donde haces la compra semanal para tu casa, hasta el taller al cual llevas tu coche a reparar.


El inmenso poder que tenemos de denunciar a través de los redes sociales, debemos usarlo con mucho juicio.

Y aún cuando me parece fenomenal que tengamos como consumidores e individuos, esa capacidad de denunciar lo que no nos gusta, lo que no nos parece justo, también me parece aterrador contemplar como una persona, en cualquier momento, en cualquier lugar del mundo y simplemente movida por un arrebato emocional, o por mera mala intención, puede poner en muy mala situación la reputación de tu negocio, de tu empresa, e incluso de tu propia persona como profesional.

Me viene a la memoria el momento en que Jor-el le dice a su hijo Kal-el (por si no te suena, es el Superman de las películas) que este último tiene grandes poderes que ningún otro ser humano puede, ni podrá tener jamás, y que, justamente por eso, debe usarlos con muchísima responsabilidad y para hacer solamente el bien.

Como siempre que hago este tipo de comentarios, voy a compartir contigo una historia que leí hace bastante tiempo en un blog americano.

El caso del pasajero irritable que simplemente estaba teniendo un mal día


Hace algún tiempo leí un artículo en el que una chica narraba lo que le había ocurrido un día que había llegado con retraso al aeropuerto para un vuelo que tenía que tomar a otra ciudad.

Por supuesto, cuando llegó a la puerta de embarque para su vuelo, ya esta estaba cerrada. Entonces se acercó a uno de los agentes que estaba en el mostrador de la aerolínea buscando ayuda, porque tenía que montarse en el avión con urgencia, y el agente le indicó que no podía hacer ya nada, porque el vuelo estaba cerrado.

Ante la negativa del agente, la chica se molestó y comenzó a reclamarle. Se dijeron cosas, se cruzaron palabras, el empleado de la aerolínea tratando de respetar la política de su empresa y la chica tratando de montarse en el avión.


Todas las historias tienen siempre dos versiones, la tuya y la de la otra persona involucrada.

Sin querer hacer juicio hacia ninguna de las dos partes (aunque me inclino a favor de la aerolínea, tomando en cuenta que se había presentado tarde para el vuelo), la historia terminó con que la señora no se pudo montar en el avión y tuvo que buscar puesto en otra aerolínea.

Finalmente consiguió sitio y pudo llegar a su destino. Pero, mientras estaba en el avión, escribió un artículo para un blog en el que trabajaba, donde descargaba toda su frustración y su ira hacia la empresa y el agente que la había atendido, por no haberle permitido tomar el primer vuelo y hacerle pasar por la incómoda situación de ir a buscar sitio en otra aerolínea.

El artículo en cuestión lo leí yo, y muchísimas otras personas que, como yo, vimos como esta chica puso la reputación de la aerolínea en entredicho, aún cuando ella misma había sido la primera responsable en todo la situación, por llegar tarde al aeropuerto.

Lo primero que debemos poner en práctica es nuestro sentido común.


Fíjate que en el caso que te menciono arriba, la chica, antes de reconocer que ella había sido responsable del incidente por haber llegado tarde al aeropuerto, simplemente descargó su frustración como cliente que cree merecerlo todo y le echó la culpa a la aerolínea y, en particular, al agente que no quiso dejarla montarse en el avión.


Somos responsables de lo que decimos, y del daño que le podemos hacer a otros con lo que decimos.

Es importante, muy importante, que nos obliguemos a usar con responsabilidad nuestra voz en el entorno digital. Ya no se trata simplemente de decir cosas porque nos provoca, sino de decirlas asegurándonos siempre de mantener la objetividad, el sano juicio y el sentido común.

Debemos entender que en el momento que decidimos hacer una denuncia de alguna causa que consideramos injusta, o en el momento que decidimos reclamar a una empresa por algo que consideramos está mal hecho, asumimos todas las consecuencias que dicho acto puede tener para nosotros, sean éstas positivas o negativas.

¿Qué hubiera pasado en el caso que te conté si la aerolínea hubiese decidido demandar a la chica por el daño que le pudo haber hecho a su reputación el artículo que esta última publicó? ¿Qué iba a contestar la chica? ¿Que se le olvidó que tenía que llegar temprano para abordar el vuelo?

Debemos actuar de manera responsable y usando siempre todo nuestro sentido común. En nuestras manos está una herramienta muy poderosa, tanto para lo bueno como para lo malo, y es el poder de difundir nuestra opinión y llegar a mucha gente en muy poco tiempo y con muy poco esfuerzo.

Podemos unir nuestras voces en la defensa de las causas más justas del mundo y hacer un aporte genial a la sociedad, pero también podemos usar nuestra voz de manera irresponsable y hacernos eco, (queriendo o sin querer), de acusaciones falsas o de difundir información incierta.

Y eso no es un aporte positivo ni para ti ni para nadie.



Te recomiendo leer el siguiente artículo, muy relacionado con el tema de hoy
¿Automatizas o programas en Social Media?

Y también te puedes dar una pasadita por este post, que puede gustarte
Cuando la crisis estalla, no veas solo la punta del Iceberg.


Crédito fotografía: Images Bavaria / 123EF Stock Photo





lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Por Qué Necesitas Hacer Un “Reality Check” De Vez En Cuando?

¿Por qué necesitas un "Reality Check"?
Cuando conversas con cualquier persona que quiere desarrollar un negocio nuevo, te encuentras con un individuo cargado con una sobredosis de optimismo, soñando despierto con lograr objetivos grandísimos y muy loables, desbordando de alegría optimismo acerca de su idea de negocio, porque la considera, sencillamente, genial.

Y todo eso está muy bien, claro que sí. El optimismo es la actitud que te permitirá mantenerte en la lucha por mucho más tiempo que otros.

Sin embargo, ¿te has preguntado por qué casi todos los planes de negocio que andan por allí, tienen proyecciones económicas con más ceros que los que podemos siquiera imaginarnos, representando las expectativas demasiado optimistas de sus propietarios?


El espíritu emprendedor necesita de una buena dosis de optimismo para tener éxito.


Es cierto que el espíritu emprendedor no es para los débiles de corazón. Se necesita una buena dosis de optimismo para tener éxito. Pero existe una línea muy, muy delgada que separa el optimismo de la simple ilusión.

Solamente así te puedes explicar el hecho que, aún habiendo tanta gente convencida de tener una idea de negocio genialmente estupenda, sólo una de cada 10 empresas nuevas, logran sobrevivir a los primeros cinco años de su operación. ¿Suena ilógico, verdad?

Estoy 100% seguro de que, para ser emprendedor, tienes que ser una persona optimista primero que nada, para asumir todos los riesgos e incertidumbres que el emprendimiento, por sí solo, implica. Seguro que sí.

Pero si no tienes una cuenta bancaria con un saldo interesante que te sirva de colchón por si acaso tu emprendimiento fracasara y tuvieras que empezar de nuevo, o que seas un adicto a los juegos de azar y las apuestas, es mucho más recomendable que practiques un optimismo basado en la realidad.

Pero, ¿por qué caemos en esta trampa de excesivo optimismo con tanta facilidad?


Muy lamentablemente, cuando vas a tomar decisiones que implican la posibilidad de que tengas grandes ganancias (o pérdidas), te haces mucho más propenso a buscar toda la información que respalde tus afirmaciones de que las cosas te van a salir de maravillas, porque eso simplemente te hace sentir mejor.

Te encierras tanto emocionalmente en tus decisiones, que ignoras abiertamente la información que pueda contradecirte. Dicen que muchas veces escuchamos solamente lo que queremos escuchar, y esto es particularmente cierto cuando se refiere a tu emprendimiento.


Curiosamente, mientras mayores sean las ganancias que esperas recibir, mayor es la posibilidad de que caigas en la trampa del optimismo excesivo. 


¿No te has fijado acaso como se te hinchan los ojos de entusiasmo cuando le cuentas a otros las grandes posibilidades que existen de lograr excelentes resultados con tu maravillosa idea? Y sin embargo, apenas aparece alguien que te plantea dos o tres cosas que te contradicen o que simplemente muestran que no todo podría ser tan maravilloso, una sensación desagradable te recorre el cuerpo entero y te provoca arrancarle la cabeza.

El optimismo excesivo suele ser a menudo el error más común y perjudicial que puedes cometer al gestionar tu negocio. Y este exceso de optimismo puede ser particularmente perjudicial para ti, si quieres entrar en los sectores más competidos o los que cambian con más rapidez.

Practica entonces el optimismo basado en la realidad. 


Como en muchas cosas de la vida, todos los excesos son malos. Y esta regla también aplica al optimismo que le pones a tu negocio: Ni muy mucho, ni tampoco muy poco. Justo la medida exacta y, por encima de todas las cosas, manejando siempre datos reales que sustenten tus expectativas.


El optimismo basado en la realidad, genera mejores resultados que el optimismo en exceso.


Es fácil entender el por qué: Es muy difícil, si no imposible, que puedas predecir con exactitud los resultados que el futuro te depara, por lo que, siendo “optimista-con-hechos-en-las-manos” tendrás siempre la oportunidad de tomar decisiones más y mejor informadas.

Está claro que el optimismo te ayudará a mantener los niveles de energía en alto, y la moderación te permitirá ver con mucha más claridad cuando realmente no vale la pena seguir intentándolo.

¿Qué puedes hacer para practicar el “optimismo basado en la realidad”?


Algunas opciones que vale la pena que tomes en cuenta, son las siguientes:

1. Trata de conocer bien tu industria: Durante la búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, trata de hacerlo dentro de áreas que te sean familiares, con las que ya hayas tenido cierto roce y experiencia. O si quieres adentrarte en algo completamente nuevo, trata de conseguir este conocimiento asociándote con una persona que comparta tus intereses y tu pasión por dicha industria. Este conocimiento te ayudará a tener una perspectiva más realista del mercado en el que te quieres involucrar. 
2. Siempre plantéate diferentes escenarios: "¿Qué pasaría si?" es una pregunta realmente poderosa que te permite abrir tu mente a otras situaciones, a pensar en planes de acción, a dibujar alternativas. No te niegues la oportunidad de mirar también “el lado oscuro” de la fuerza, pues allí también se aprende mucho.
3. Déjate asesorar por personas experimentadas. Rodéate de un equipo de trabajo que no le tenga miedo a poner tus propuestas a prueba. Busca personas que estén dispuestas a retarte, a plantear otras ideas. Si te rodeas de personas que siempre te dan la razón, tienes muy pocas oportunidades de ver las cosas de manera diferente. Una persona con más experiencia que tú, o con un conocimiento que tú no tienes, es un aliado de mucha importancia para tu emprendimiento.
4. Conviértete en tu cliente más exigente. Trata siempre de mirar tu producto desde el punto de vista de tu cliente y no el tuyo propio. ¿Realmente tu producto es capaz de enamorar a tu cliente, de la misma manera que te ha enamorado a ti? ¿Realmente lo encuentra tan valioso como tú mismo crees? 
Practicar el optimismo moderado por una fuerte dosis de realidad es una forma excelente de gestionar tu negocio y de asegurarte la menor cantidad de dolores de cabeza posibles.

Ten en cuenta los consejos que arriba te dejo para que evites caer en la trampa del autoengaño y puedas acercarte con paso seguro al logro de objetivos mucho más reales y concretos.



Te dejo este par de artículo de mi blog, que profundizan en este tema:
¿Quieres un producto exitoso? Conviértete en tu cliente más exigente.
La flexibilidad de un plan de negocio: ¿Obstinación o perseverancia?