lunes, 6 de octubre de 2014

Delega y Confía Que Los Otros Puedan Estar a La Altura.

Confía Que Los Otros Puedan Estar a La Altura.
La frase que titula el post de esta semana la leí hace algunos días en un artículo publicado por Susan Steinbrecher en el portal www.soyentrepreneur.net, que se titulaba “5 Reglas de Oro Para Líderes Jóvenes”, que realmente te recomiendo leer y, como siempre, cuyo vínculo te dejo al final de este post.

Delegar responsabilidades en otros y confiar en que pueden (y estarán) a la altura, es una habilidad que debe cultivar y desarrollar todo gerente, dueño de empresa, o persona que tenga el deseo de crear un equipo eficiente y productivo.

De hecho, todo emprendedor llegará al momento en que necesitará echar mano de esta destreza para poder afianzar su crecimiento, sentar bases y seguir desarrollándose.


Es muy difícil que un negocio crezca sobre los hombros y con las fuerzas únicas de su creador inicial, por muy proactiva y eficiente que dicha persona sea.


Pero a lo que voy. Y digo que me llamó muy especialmente la atención, porque justo por esos mismos días, en un grupo que tengo con unos queridísimos amigos en el whatsapp, circulaba la siguiente foto:



Y aunque con una altísima dosis de sarcasmo, esta frase refleja una realidad que prevalece en muchas empresas: La incapacidad que tienen los “jefes” para delegar efectivamente tareas en sus “supervisados”.


Si no puedes confiar en sus capacidades, ¿para qué los contratas?


Y voy a comenzar por aquí: La base de toda relación laboral eficiente es que el que contrata tenga la confianza de que la persona contratada tiene las habilidades necesarias para hacer el trabajo de la manera que se espera, ni más ni menos.

Si esto no es así, si dicha confianza no existe: ¿entonces cuál es la razón que motiva la contratación de la persona? ¿para qué le estás pagando un sueldo? ¿por qué es un familiar cercano al que querías darle una mano?


Al contratar a una persona para cualquier área de tu negocio, debes tener la confianza de que está capacitada para hacer el trabajo bien.


Cuando tomas la decisión de contratar personas para tu negocio, lo estás haciendo porque necesitas delegar en alguien la gestión de un área particular de tu empresa, cualquiera que ella sea. Si partimos de este principio, es entonces lógico esperar que la persona que va a ocupar dicho puesto tenga lo mínimo necesario para hacerlo bien, o por lo menos, de la manera que tú lo esperas.

Recuerdo que, entre los procesos de selección de personal en los que he participado, hubo uno en particular en el que el candidato finalmente seleccionado por mi jefe, no tenía las destrezas básicas ni la experiencia profesional que el puesto requería, y aún así, la contratación finalmente se llevó a cabo.

¿Cuál fue el resultado? Cómo te lo podrás imaginar, todo el tiempo invertido en capacitación, supervisión y trabajo de campo monitoreado se fue a la basura porque al seleccionado lo tuvimos que despedir tan sólo unos meses después de haber comenzado a trabajar.

“De la manera que se espera” o gestión de expectativas.


De la misma manera que es importante contratar a personas que estén capacitadas adecuadamente para el cargo al que se le contrata, también es importante establecer con absoluta claridad lo que se espera de dicha persona una vez que se hace cargo de la tarea.

Hay una frase que me viene a la mente ahora, y que he escuchado un par de veces durante mi carrera profesional: “Nada o húndete” y lamentablemente me tocó vivirla personalmente en el primer “pseudo-trabajo” que tuve en España.

Me contrató (es decir, me pusieron en un período de prueba sin contrato) una pequeña agencia de marketing local para realizar trabajos de gestión de cuentas y captación de clientes nuevos.

Logré hacer una cita para reunirnos con el jefe de publicidad de una entidad gubernamental local, e invité a mi pseudo-jefe para que me acompañara a la visita. La reunión estuvo bien (desde mi punto de vista) y acordamos preparar una propuesta de trabajo.

Unas horas después de haber terminado la reunión, y sin ninguna razón aparente, me encontré con la sorpresa de que mi jefe había anulado mi dirección de correo electrónico de la empresa y me dijo por teléfono que, si quería hacerle seguimiento al cliente que recién habíamos visitado, lo hiciera desde mi cuenta de correo personal.

¿Que ocurrió? Pues nunca lo supe y nunca lo sabré. Había salido de la reunión bien contento por los resultados obtenidos pero, obviamente, para mi jefe eso no fue suficiente.


Moraleja: Si tus contratados no saben lo que esperas de ellos, poco podrán hacer para satisfacer tus expectativas.


No esperes que tus empleados adivinen que es lo que se espera de ellos, y tampoco te plantes en la actitud del jefe supremo que espera que de su equipo solamente sean los mejores los que sobrevivan, porque seguramente estarás tirando el talento por la ventana.

“Nada o húndete” no te va a ayudar a desarrollar un equipo ganador. Esto sólo lo lograrás:

  • Contratando a personas capacitadas apropiadamente para el área que la necesitas, 
  • Estableciendo con absoluta claridad las cosas que esperas que dicha persona haga y logre, y 
  • Ofreciéndole la oportunidad de crecer con tu empresa y motivarlos para que alcancen siempre su mejor rendimiento.

Pon estas recomendaciones en práctica y verás el cambio tan positivo que puede producirse en el rendimiento de las personas que trabajan contigo.





Este es el artículo que te recomendé leer al principio:
“5 reglas de oro para líderes jóvenes”, escrito por Susan Steinbrecher para Soyentrepreneur

Y en este blog podrás encontrar también un par de artículos relacionados que seguramente te gustará leer:
El Modelo de Gestión del Saco de Naranjas.
El momento de crecer: Cuando no te sirve llevar muchos sombreros.



2 comentarios:

  1. Hola Joel!
    ¿Qué tal estás? Me encanta lo de pseudo-trabajo, una amiga lo dice mucho, jeje. Lo de delegar y confiar en los demás es algo a lo que no estamos acostumbrados. En nuestra sociedad nos inculcan que hay que ser perfeccionistas, y muchas veces eso nos hace ser desconfiados con el trabajo ajeno. Otra de las razones que veo es la educación: nos educan para ser iguales, personas que llevan a cabo los mismos procedimientos para llegar al mismo fin. ¿No es igual de válido llegar al fin con otro procedimiento? Entonces, si otra persona no lo hace como tú, piensas que no va alcanzar el fin.
    Lo del enchufismo en este país, denota que los jefes también fueron elegidos así y por eso no se fían de que al que enchufan vaya a hacerlo bien. Cree el ladrón que todos son de su condición. Jejeje.
    Encantada de leerte como siempre.
    Un abrazo, compi!

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    1. Muy buenos días, Mónica

      Disculpa la demora en responderte.... Pensé que ya lo había hecho :-D

      Pues hablas de varias cosas que serían un excelente tema de conversación, o mejor dicho, varias conversaciones.

      Un jefe de equipo que no se fía de su gente, no tiene rango de jefatura. El perfeccionismo y la delegación no están peleados. Todo lo contrario: Guía a tu equipo para que haga el trabajo perfecto, hazles saber cómo quieres que se haga, indícales con claridad lo que esperas de ellos, y seguramente podrán hacerlo.

      Ahora, el gran problema es que el que busca la perfección es, generalmente, el que piensa que solo existe una forma correcta de hacer las cosas: la suya.

      Y es donde comienzan los peores problemas para el que quiere crear y desarrollar un equipo de trabajo eficiente y proactivo.

      Siempre converso con mi mujer acerca de eso que tú dices: "¿No es igual de válido llegar al fin con otro procedimiento?". Y creo que esa es la lucha eterna del ser humano: Entender que cada cabeza es un mundo y que, mientras los objetivos se logren, cualquier camino que sea legal, ético y correcto, es válido.

      Un beso grande. Nos seguimos leyendo :-D

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