lunes, 28 de julio de 2014

¿Qué Cosas Pueden Estar Impidiendo Que Logres Tus Metas?

Hace unos días, leía un artículo muy interesante con el que me identifiqué un montón. Se refería a “Los 10 peores hábitos que pueden estar impidiendo que logres el éxito” y aunque no me sentí reflejado en todos ellos, gracias a Dios, si pude darme cuenta que hay cosas que hago (o que he hecho) que, sin saberlo, están impidiendo que logre mis metas, o lo han hecho alguna vez en el pasado.

De hecho, la frase que más me gustó en el artículo fue esta:

“Puedes tener muchos hábitos buenos, pero los malos te harán siempre dar dos pasos hacia atrás, por cada pasito adelante.”

Y lleva toda la razón: Sin darnos cuenta, esos hábitos se convierten en un pesado lastre que, sin siquiera darnos cuenta o hacerlos de forma consciente, nos mantienen allí, estancaditos, caminando lentito, sin alcanzar nuestra máxima velocidad, nuestro máximo rendimiento, nuestra completa felicidad.

Como son también cosas que podrían estar ocurriéndote a ti y, quizás como yo, no te has dado cuenta aún, quiero compartirlas contigo. El vínculo al artículo te lo dejo al final, como siempre, para que disfrutes el artículo completo.

Esperando el “momento adecuado”


Soy una persona a la que le gusta planificar las cosas. El que me conoce, lo sabe. Yo creo que ya por un tema de experiencia, y por tener personas que dependen de mi, no soy una persona de lanzarme a las cosas desaforadamente, sin meditármelo tan sólo un poco.

Ciertamente no soy así. Sin embargo, siempre he entendido que “nunca llegará el momento perfecto” para nada de lo que quiera hacer. Cuando me casé con mi actual esposa, hace ya más de veinte años, estaba seguro que no era el momento perfecto, pero aún así decidimos hacerlo y mira lo bien que ha salido todo: Hace tantos años que nos embarcamos en este viaje, y todavía seguimos juntos, gracias a Dios.


Planifica todo lo que puedas y cuando tu corazón te diga que “pareciera ser el momento perfecto, simplemente lánzate al agua”.


Lo mismo ocurre con nuestros proyectos personales y profesionales, y hasta en las decisiones que tomamos en nuestros negocios: Nunca existirá ese momento perfecto. Sólo habrán momentos en los que todo pareciera indicar que son el momento perfecto, o el más adecuado. Pero nunca, nunca conseguirás el momento perfecto para nada.

La necesidad de que las cosas sean perfectas.


Y de la mano del “esperar el momento correcto”, va este. Recuerdo que, cuando mi papá estaba ya enfermo en cama, un día me pidió que lo afeitara. Con todo el sentimiento que me daba aquella situación, tomé la crema de afeitar, la apliqué sobre la barbilla de mi papá con mucho cariño y luego, muy lentamente, me puse a afeitarlo.

Le pasaba la maquinilla y luego le pasaba la mano para confirmar que no hubiese quedado ningún pelito sin afeitar. Si no estaba conforme, le volvía a pasar la maquinilla y luego la mano para confirmar. Y así lo estaba haciendo con cada centímetro de su barba, cuando mi papá me dijo: “Joel, no se trata de una obra de arte. Simplemente es una afeitada y nada más.”


¿Cuántas veces en tu vida te has encontrado en la misma situación, invirtiendo horas sin fin en un proyecto en búsqueda de la perfección?


Pues a mi ya me ha pasado varias veces. Recuerda siempre que todas las cosas siempre se pueden mejorar, siempre se pueden perfeccionar. Si esta búsqueda de la perfección está haciendo que demores tus proyectos más de la cuenta, entonces puedes estar siendo, como yo, víctima de este hábito que se viste de oveja, cuando en realidad es un espantoso lobo y muy feroz.

Ten presente que, en muchos casos, “se trata sencillamente de una afeitada y no de una obra de arte”.

Ser muy cabeza dura como para soltar las cosas y dejarlas ir.


¿Sabías que me enamoré locamente de una mujer cuando tenía 18 años? Y aunque ella era casi 10 años mayor que yo y que todo indicaba con claridad que nuestra relación estaba destinada al fracaso tarde o temprano, pues yo nunca quise aceptarlo.

Y aún después que rompimos, me empeñé tozudamente en esperar ese “precioso momento en el que volveríamos a estar juntos” sin darme cuenta que, al hacerlo, me estaba negando a mí mismo la oportunidad de conocer otra persona con la que pudiera tener una relación normal.


Sólo soltando las cosas y dejándolas ir, tendrás las manos libres para tomar cosas nuevas.


Solamente cuando decidí dejar a un lado mi “cabezadurismo”, pasar la página y dar unos pasos hacia adelante, fue cuando mi vida comenzó a rodar de nuevo para finalmente, luego de un par de años, conocer a la maravillosa persona que hoy en día es mi pareja, gracias a Dios.

Y así ocurre con muchas cosas, tanto en nuestras vidas personales como en las profesionales: ¿Cuántas personas conoces que han debido renunciar al trabajo que tienen hace mucho tiempo, y sin embargo se mantienen allí, luchando por una pelea que ya tienen perdida? ¿Cuántos negocios has visto fracasar simplemente porque sus dueños no quisieron cambiar de rumbo a tiempo?

Estoy muy contento porque, de los 10 hábitos que mencionaban en el artículo que te dije más arriba, me identifiqué solamente con tres de ellos. Quizás en tu caso, sea diferente: podrán ser más, también podrán ser menos.

Aquí te dejo el vínculo al artículo para que lo leas y puedas hacer tu propia evaluación:

The 10 Worst Habits Holding You Back From Success



Crédito fotografía: flynt / 123RF Stock Photo



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lunes, 21 de julio de 2014

3 Lecciones Como Bloguero Que Aprendí De Mi Hijo De 9 Años.

3 Lecciones aprendidas de mi hijo de 9 años.
Es realmente interesante la forma en que la vida misma se empeña en enseñarnos cosas, siempre y cuando estemos dispuestos a escuchar lo que nos tiene que decir, y posteriormente a poner las cosas que escuchamos en práctica, cuando sean para mejor.

Jesús decía en una de sus parábolas que “(...) si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3), y estoy seguro de que esto tiene una profunda implicación en nuestras vidas, no solamente para “entrar en el Reino de Dios”, sino también para vivir la vida de una manera más humilde, más sincera, más intensa… no solamente como personas, sino también como empresarios y emprendedores.

¿Por qué digo esto? Como siempre, me explico.

Mi hijo de 9 años, Gabriel David, tiene un blog. Lo ha dedicado a uno de sus juguetes favoritos: los Pokémon. Si tienes hijos en ese rango de edad, seguramente sabes a qué me refiero y de quiénes estoy hablando.

La semana pasada realizamos una caminata por un camino de tierra que rodea el aeropuerto de la ciudad. Es un paseo divertido que nos da la oportunidad de compartir tiempo de calidad, conversaciones, chistes, juegos y por supuesto, hacer un poco de ejercicio.

De pronto, Gabriel David me comenzó a hablar de su blog, de las visitas que tenía, de los países de donde venían (sí… mi hijo de 9 años revisa las estadísticas de su blog), las plataformas que usaban con más frecuencia y esas cosas.

La primera lección: Pasión.


Y a medida que seguíamos conversando de su blog, me comentaba de los múltiples eventos que habían de Pokémon, de los premios y bonos que se podían lograr en los juegos, de estrategias, de las cosas que le habían pasado a él mientras jugaba, de cómo aprendía cosas nuevas, del interés que tenía en compartir estas cosas con las personas que leían su blog.

Los ojos se le iluminaban y sonreía mientras me contaba la historia. Yo podía sentir, con toda claridad, toda la pasión que había en sus palabras y (supongo que porque se trata de mi hijo), no podía dejar de quedar contagiado de ese entusiasmo yo también.


No solamente sabe de lo que está hablando, sino que también disfruta un montón contando las historias que comparte en su blog.


Y yo creo que es una lección que nos viene bien a todos los que tenemos un espacio en el que compartimos contenidos con el mundo entero: El tema no está solamente en crear contenido para conseguir suscriptores, sino en compartir la pasión que sentimos por los temas que más nos mueven.

En mi caso, es el marketing, las ventas, la gestión de negocios y la vida misma. En tu caso, ¿cuál es tu pasión?

Segunda lección: Auténtica colaboración.


Todos sabemos que los niños son los seres más humildes y transparentes del mundo. El ejemplo lo puedes ver en un parque infantil: Juntas a dos niños que no se conocen, que nunca se han visto en la vida, y en dos segundos (tal vez un poquito más) están jugando juntos sin mayor problema, colaborando uno con otro, ayudándose sin mayores complicaciones.


Los adultos somos un poco más complicados que eso, ¿verdad? 


A medida que crecemos, los adultos nos llenamos de cosas, de intereses, de prejuicios, de orgullo, de soberbia, de egoísmos, y de otras tantas cosas que no viene al caso mencionar. El punto es que dejamos de ser transparentes y humildes.

Y al no ser transparentes ni humildes, perdemos nuestra capacidad de colaborar honestamente, sin segundas intenciones, sin egoísmo.

¿Cómo me lo enseñó mi hijo Gabriel David? Pues publicando una entrada en su blog en la que se disculpaba sinceramente con su audiencia por haber pasado algunos meses sin escribir artículos nuevos.

Además que ofrecía, con toda honestidad, la explicación: “Ya que sabemos que son épocas del cole” :-D

Además, en su deseo de colaborar, publicó también una entrada en la que le decía a sus lectores, y a los padres de sus lectores, que “mi papá (o sea, yo) tiene un blog de marketing y ventas”. ¿Qué me pidió a cambio? Que hiciera yo lo mismo y hablara de su blog en mi blog.

¿Existe alguna forma más desinteresada de colaborar? ¿Cuando fue la última ver que te ofrecieron un trato en el cual no sentías que se estaban aprovechando de ti?

Tercera Lección: Gratitud hacia tu audiencia.


Estamos tan encerrados en lograr cosas, que nos olvidamos los pequeños detalles. ¿Cómo lo aprendí de mi hijo? Publicó una entrada sencillita, casi podríamos llamarla el “tweet perfecto” de 106 caracteres en la que le daba las gracias a su audiencia por haber alcanzado las mil visitas.


"GRACIAS, GRACIAS. ¡Todos vosotros los que veis mi blog me habeis conseguido 1079 visitas! Sois los numero 1."


Y siendo que las lecciones que aprendemos son para ponerlas en práctica en nuestras vidas, yo quiero aprovechar esto que he aprendido de mi hijo, Gabriel David.

Un millón de gracias para todos ustedes, mis número 1, mis lectores, la gente que soporta todas las cosas que escribo aquí, en este espacio que este mes está cumpliendo tres añitos de existencia.

Si señor. Tres añitos ya. ¿Y qué mejor manera de celebrarlo que compartiendo con ustedes estas tres bellas lecciones que aprendí de mi hijo?

¿Qué me queda por hacer? Reiterarte mi compromiso de seguir compartiendo contigo los temas que me apasionan, seguir haciéndolo de la manera más transparente y humilde posible, aunque tengo que reconocer que soy un adulto grandecito ya, y recordarme siempre de darte las gracias porque, sin ti, este espacio estaría sencillamente vacío.

¡¡¡GRACIAS MIL!!!

A ti, mi apreciado lector, por haberme seguido durante estos tres años y haberme acompañado en este viaje tan enriquecedor. Y a mi hijo Gabriel David, por la bella lección que, sin saberlo, me ha enseñado y me ha llegado al corazón.

¡¡¡Gracias, hijo querido. Y sigue para siempre así, con el mismo entusiasmo y dedicación!!!


Artículos que te recomiendo leer:
Por supuesto, te invito a visitar el blog de mi hijo Gabriel David, se llama “My Pokemon Games”



lunes, 14 de julio de 2014

Más Allá De La Goleada, Una Valiosa Lección De Negocios Que Aprender

Una lección que aprender.
Hace unos días fue el juego de Brasil - Alemania, en una de las semifinales del Mundial de Fútbol Brasil 2014, que terminó con una impresionante goleada del equipo teutón a la canarinha 7 goles por 1, aunque estoy convencido de que pudiera haber sido peor si Alemania hubiera querido, pero eso… eso nunca lo sabremos.

Siendo que en mi país nunca hemos tenido la oportunidad de ir con nuestra selección nacional a un evento de este nivel, desde que tengo uso de razón he sido fanático del Brasil, por lo que el resultado de este juego me dejó desolado. Muy desilusionado pero para nada sorprendido: Esto se veía venir.

Y como el tema de este blog no es el fútbol, sino la gestión de negocios, no voy a irme por analizar el partido como tal, sino las lecciones que de ese partido podemos sacar para ponerlas en prácticas en nuestros respectivos negocios y evitar, en lo posible, que el propio mercado nos clave esa cantidad de goles.

El éxito de tu empresa nunca debe depender de una sola persona.


El técnico del Brasil ya había reconocido que el juego de la selección giraba en torno a Neymar Jr., quién para muchos es uno de los mejores jugadores del mundo. Recuerdo haber escuchado esto varias veces en los últimos años. Antes de Neymar Jr., era Ronaldhino. Antes de este, Ronaldo, y antes de este seguramente había otro más.

Y es estupendo que un equipo cuente con jugadores de tan alto rendimiento, de estrellas, de jugadores de leyenda, como Pelé, Messi, Beckenbauer, y tantos otros nombres que hemos conocido, pero, la gran pregunta es ¿qué pasa cuando el rendimiento de esos jugadores baja? ¿qué pasa cuando simplemente se lesionan, como ocurrió en este caso con Neymar Jr.?


¿Está el equipo condenado a perder? ¿Es justo, por no decir inteligente, que el éxito de un equipo dependa tanto de una sola persona?


Lo mismo aplica para tu negocio: Ninguna de tus áreas operativas puede depender en su totalidad de una persona, por muy brillante o ejemplar que esta sea. Y mucho menos aún el área que produce los goles, es decir, el área de ventas.

Si tu empresa es muy pequeña aún, lo peor que puede ocurrir es que sobre tus hombros se concentren todas las responsabilidades, pero dicha situación es temporal. A medida que tu negocio vaya creciendo, irás delegando tareas en profesionales capacitados, siempre manteniendo tú la supervisión de cada área.

El juego lo gana el que mete los goles, no el que juega mejor.


Meter los goles y jugar mejor, no son necesariamente sinónimos. En muchos casos, el equipo que peor ha jugado ha sido el que ha metido el único gol del partido y, ¿adivina qué? ¡es el que termina ganando el juego!

Y en los negocios ocurre igual: El mejor negocio no es el que tiene las mejores oficinas, ni el producto más innovador, ni la mejor nómina, ni los mejores sueldos, ni la mejor página web. El mejor negocio es el que tiene un producto que se vende, que la gente quiere comprar no una, sino varias veces.


Tu producto puede tener muchas cualidades positivas pero, si al final del día, no logras venderlo, el negocio se te viene abajo.


No me mal entiendas: Todas estas cosas ayudan y suman, pero en sí no son determinantes en el éxito de una empresa. Muchas veces los esfuerzos se concentran en todas las áreas menos en la que es realmente importante: Que la gente compre el producto o servicio que tu vendes, no una sino muchas veces.

Que el éxito nunca se te suba a la cabeza.


Si has alcanzado todas tus metas, sigue luchando por crecer más. Alemania no se contentó con meter el primer gol. No, señor. Vió que tenía la oportunidad y buscó el segundo. Y con este vino el tercero, y luego el cuarto. En un abrir y cerrar de ojos, Alemania tenía el partido completamente dominado, y fue entonces cuando comenzaron a jugar más relajados. ¡Yo habría hecho lo mismo!


Con tu empresa, mantén siempre la misma actitud: Nunca dejes de buscar nuevas oportunidades.


Siempre puede haber nuevos mercados que explorar, nuevas cosas que hacer, formas de innovar, de crecer, de vender más. Nunca te detengas, aún cuando estés ganando.

Durante este Mundial, hubo muchos otros partidos en los que los equipos se conformaban con el 1-0, o con llegar a los penalties, es decir, con hacer lo mínimo necesario para ganar. No fue el caso de Alemania. Ellos no se conformaron con el 1-0, que quizás habría sido suficiente. Ellos lo buscaron todo y lo consiguieron.

Además: Siempre existe el riesgo de que tu competidor remonte el juego y, en el último minuto, te meta los goles y termines siendo tú quien pierde el partido.

Crónica de una muerte anunciada: Cuando un producto tiene fallas, hay que revisarlas.


Y este fue un detalle que me llamó la atención mucho, pero que tampoco me sorprendió: Durante una entrevista que le hicieron, el técnico de Brasil reconoció que el juego de la selección giraba en torno a un jugador y que Brasil era un equipo que sufriría mucho en cada juego, es decir, un equipo al que no se le haría fácil ganar.

Y si no le iba a ser fácil ganar, es porque hay fallas en algún sitio. Algo no está funcionando bien. Algo falta.


¿No habría sido más fácil identificar las fallas y hacer lo posible para corregirlas?


Reconocer las debilidades que tiene tu producto puede resultar un acto altruista y loable, pero más allá de esto, la verdadera acción que debes tomar es la de implementar los cambios que sean necesarios, las mejoras que hagan falta para que tu producto sea cada vez mejor. Un producto mejor, tendrá mejores oportunidades de ser comprado. Un producto con fallas, no.

¿Qué consejos podemos tomar en cuenta entonces para nuestros negocios?


  • Que ningún área de tu empresa dependa en su totalidad de una sola persona, y si es así, debes tener un plan de acción para el día en que esa persona falte.
  • Los negocios son números, y por encima de todo, ventas. Si no vendes, no tienes negocio. Por lo tanto, concéntrate en hacer cosas para vender más.
  • No te conformes con el éxito de un día. Si lograste todas tus metas, busca alcanzar objetivos más altos.
  • No quieras dominar el mercado con un producto deficiente porque, en algún momento, las deficiencias salen a la luz. Si hay mejoras que hacer, hazlas lo más pronto que puedas.





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