lunes, 20 de enero de 2014

Todavía Hay Esperanza: “Los Proyectos Económicamente Viables”

¿Quieres regalar tu trabajo?
El tema del “cuánto cobrar por nuestros servicios profesionales” ha estado vigente toda la vida y en casi todas las áreas profesionales donde el valor del trabajo queda a discreción del que lo ofrece, y es una discusión que puede durar muchísimas horas, sobre todo cuando en la mesa están presentes representantes del bando de “vendiendo barato, consigo más clientes” y de su contraparte, los del grupo “mi trabajo yo no lo regalo”.

Yo por mi parte me identifico completamente con el planteamiento de Oscar Del Santo en el post que publicaba en su blog, titulado "Todo en dos horas’ o cómo desprestigiar a los profesionales de Internet" y me defino, primero, como un profundo defensor de la libertad de mercado: cada quién hace con su conocimiento lo que quiere y lo vende al precio que le da la gana, y luego me defino también como un acérrimo defensor del valor del conocimiento y la experiencia profesional.

Y si cada quién tiene el derecho de hacer lo que quiera con sus conocimientos, también es cierto que tiene que asumir las consecuencias de sus actos, bien sea que estos le afecten solamente a él o dañen a otras personas que, como él, se dediquen a la misma actividad profesional, generándole una reputación negativa.

¿A qué me refiero?

Es la hora de asumir proyectos que sean “Económicamente viables”


Es una frase con la que he estado familiarizado gran parte de mi carrera profesional pero que tomó un valor muy agradable para mí al escucharlo venir de una queridísima compañera, Patricia Sánchez Pardo, mientras compartíamos unas cervecitas y unas tapas con Pilar Pérez Baz y su esposo, en Santiago de Compostela.

Escuchar que una profesional extraordinariamente preparada como Patricia, que es verdaderamente un especialista en estos temas de marketing digital, no esté dispuesta a involucrarse en proyectos que “no sean económicamente viables”, a su edad, y en tiempos en los que lo que vemos con más frecuencia en el mercado son las ofertas del “Todo en dos horas” como lo indica Oscar en su artículo, o “Todo por 50 €”, me lleno de esperanza.


Es necesario reivindicar el valor del trabajo.

Y me llena de esperanza porque veo que este deseo de reivindicar el valor del trabajo, de la preparación profesional, del tiempo dedicado a un proyecto, del valor agregado a cada cliente luego de que les ofreces tus conocimientos como consultor en el área de tu especialidad, se hace cada vez más presente no solamente en conversaciones casuales como las que teníamos nosotros, sino también en blogs especializados como el de Oscar.

¿Qué son “proyectos económicamente viables”?


Es un proyecto que se considera, primero económicamente posible, que lo puedes aceptar y poner en marcha, y luego rentable en definitiva: la inversión de tiempo que vas a hacer te producirá una cantidad de dinero que está de acuerdo a lo que tu esperas recibir a cambio de tu valía profesional o, en el caso de una empresa de servicios, a la valía profesional del equipo que la compone.

¿Suena muy complicado? Pues es de lo más sencillo del mundo.


Como todos los productos que existen en el mercado, tú tienes un precio para tu trabajo profesional


Como todos los productos que existen en el mercado, tú tienes un precio para tu trabajo profesional, que generalmente se traduce en una tarifa por hora, o una tarifa por proyecto. Si lo que vas a cobrar, o el sueldo que te ofrecen, está por debajo de eso, pues el proyecto (o trabajo en cuestión) no es “económicamente viable” para ti.

Todas las cosas, todos los productos, incluso los servicios, tienen un precio por debajo del cual no se pueden vender. Haz la prueba. Ve a un concesionario de coches y diles que quieres ofrecerles 5,000 € por el modelo que tienen en exhibición, cuya etiqueta marca 15,000 €.

Te van a decir que no. A lo mejor y llegas a negociar alguna rebaja o algún descuento, pero no vas a lograr que acepten el precio que ofreces porque seguramente esté por debajo del precio mínimo que ellos pueden aceptar.

Pues en la vida profesional, ocurre lo mismo.

Lamentablemente, siempre habrá alguien que lo haga por menos que tu.


Y también los habrá que cobren más caro que tu. De la misma manera, que siempre en una entrevista de trabajo te van a decir “Es que detrás de ti, hay cincuenta como tu o mejor preparados que tú que están dispuestos a trabajar por ese sueldo”


Tu me ofreces lo que te da la gana, yo lo acepto porque lo necesito.


Y es el juego que estamos viendo hoy en día en la calle: ofertas de trabajo ridículas, clientes que quieren que les hagas los trabajos por menos de lo que pagarían porque le lustraran los zapatos. Y lamentablemente son esos, los que están dispuestos a regalar su trabajo o a trabajar por un sueldo mísero, los que le hacen daño a la industria y a la economía en general, y a sí mismos.

Entiendo, de veras que si, que hay miles de razones, muchísimas, para rebajar los precios y tratar de conseguir con ello más clientes, sobre todo en los tiempos en que vivimos, así como que también hay un sin número de razones para aceptar trabajos con sueldos por debajo de lo que, en una situación normal, podría incluso considerarse como una “falta de respeto” profesional.

Sin embargo recuerda que no solamente le haces daño a la industria en la que trabajas, sino que ayudas a que los clientes (o empleadores) se acostumbren a buscar siempre la mano de obra más barata sin tomar en cuenta la valía profesional de cada uno, y además, tus proyectos (o empleos) difícilmente terminarán siendo proyectos “económicamente viables”, es decir, nunca serán rentables, ni te permitirán crecer como empresa.

¿Y qué me dices del trabajo por el que te pagan un sueldo que apenas te alcanza para cubrir el recibo de la luz y el alquiler del piso?¿Te ayudará a construir un futuro mejor para ti y para tú familia?¿Ayudará a que la economía se reactive aumentando el poder de compra de las personas de a pie?

Por eso, desde este mi pequeño espacio para compartir y conversar, me uno a la voz que recomienda “involúcrate siempre en proyectos que sean económicamente viables” y deja que los demás se peleen por las sobras, que si te encuentras con un cliente que no valora lo que le ofreces, entonces ese no es un cliente para ti.

Te recomiendo leer el artículo de Oscar Del Santo:
‘Todo en dos horas’ o cómo desprestigiar a los profesionales de Internet

Artículos relacionados en este blog:
El martillazo es gratis: El valor real del conocimiento.
Me niego a seguir diciendo “¡Es lo que hay!” y “¡Con la que está cayendo!”





lunes, 13 de enero de 2014

Una Excelente Experiencia de Cliente Es Tu Mejor Carta de Presentación

Hotel Costavella: Vas de parte mía!
Si de algo estoy convencido es de que una recomendación personal vale más que toda la publicidad del mundo, más aún cuando se realiza de manera espontánea, voluntaria, sin compromiso ni obligación de ningún tipo, ya sea de carácter económico, profesional e, incluso, personal.

Y este es el caso que me ocupa hoy y que quiero compartir contigo: Hace unas semanas tuve la oportunidad de quedarme en un hotel, ubicado en todo el centro de una ciudad que me ha dejado cautivado por su belleza, Santiago de Compostela, a la cual voy a volver con mi mujer y mis hijos, con toda seguridad y con el mayor de los gustos del mundo.

El caso es que mi estadía en dicho hotel resultó ser una de esas experiencia que bien vale la pena no solamente repetir, sino recomendar y compartir, y es lo que quiero hacer contigo hoy.

Todo debe comenzar por un producto que hace bien lo que se supone que debe hacer.


Y siendo que se trata de un hotel durante un viaje de trabajo, el uso fundamental que le iba a dar era muy sencillo: ¡DORMIR!

Luego de cada jornada de trabajo y de compartir con amigos, la idea era llegar al hotel, darme una buena ducha y sencillamente dormir, descansar, tirar mi cuerpo encima de la cama y disfrutar de las horas que estuvieran disponibles para recargar energías y levantarme de nuevo, completamente dispuesto, para la faena del día siguiente.

Y en mi caso, la comodidad de la habitación, la decoración, la iluminación, la disposición de los distintos detalles, las toallas en el baño, la calidad y suavidad de la ropa de cama, las almohadas, en fin… todo se confabuló para que yo disfrutara de cuatro noches de profundo descanso, de relajación y de recuperación total de mis energías. Y eso que no no se trataba de detalles exuberantes, ni nada por el estilo. Una habitación bien sencilla, pero con muy buen gusto.

Punto número uno, cubierto: El producto hizo lo que se supone que iba a hacer, y lo hizo de una manera extraordinaria, por eso la cara de satisfacción que me ves en la foto.

Luego pasamos a la experiencia que rodea al uso del producto o valor añadido: comida y atención.


Una de las noches había quedado con unos compañeros para reunirnos en la entrada principal de la catedral de Santiago, para ir a tomarnos un par de tragos y compartir un rato de buenas energías juntos.

Siendo que no soy de la zona y estaba completamente oscuro, cuando llegué al hotel estaba desorientado y no sabía hacia dónde tenía que caminar para llegar a mi sitio de reunión con los amigos.

La recepcionista del hotel se ofreció muy amablemente a darme todas las indicaciones que me hicieron falta para no perderme en el centro de la ciudad, y además me recomendó un sitio al que podía ir para comprar un detallito con el que quería festejar a los compañeros de la oficina.

Incluso me trazó con lápiz la ruta en un mapa, para que no me perdiera, aún cuando la distancia que separa el hotel de la catedral de Santiago no debe ser mayor de 500 mts.

Recuerda que no soy de la zona y la noche estaba verdaderamente oscura ;-D

Por mi experiencia, comer en el hotel durante un viaje de negocios es una cosa opcional: puedes hacerlo o puedes simplemente comer fuera, donde te resulte más conveniente.

Yo elegí (para mi completa satisfacción) desayunar en el hotel los tres días que estuve allí y no me arrepiento en lo absoluto: camareros bien educados y atentos, dispuestos a ofrecerte una experiencia satisfactoria, yendo más allá de lo que son sus atribuciones inmediatas para que yo me sintiera cómodo y a gusto….

Y luego la comida, preparada con esmero, los platos bien presentados, limpios…. todo realmente agradable.

Hubiera querido tomar una mejor foto, pero cuando lo hice, no me había planteado todavía la posibilidad de escribir este post, así que... bueno, ya me entiendes.


Aún en las cosas pequeñas, se puede ser excelente.


Fíjate que aunque se trataba solamente del desayuno, es decir, de una comida sencilla, los encargados del hotel hicieron lo posible por convertir algo que de otra manera no tendría mayor impacto, en una oportunidad más de ofrecer un servicio al cliente de excelente calidad.

Y se me olvidaba mencionarte que el último día de mi estadía, me pusieron un taxi en la puerta del hotel y abrieron la cocina exclusivamente para preparar mi desayuno. ¿Qué más se puede pedir?

Y por último, lo que todos los negocios desean: La recomendación.


Y antes de decirte que te invito a que conozcas este hotel en tu próximo viaje a Santiago de Compostela, quiero hacer hincapié en el proceso que ha generado mi recomendación:

  • Un producto que hace lo que se supone que debe hacer, de una manera más que satisfactoria.
  • Una propuesta de servicios adicionales o valores añadidos, que complementan y favorecen abiertamente la experiencia del cliente con tu producto.

Si la calidad de las habitaciones no hubiese sido buena, no habría podido dormir bien ni descansar, por lo que ya la experiencia de uso de producto habría sido negativa. Todo lo demás fue sencillamente un complemento para una producto que satisfizo completamente mis expectativas.

No te olvides de eso. Como lo escribía en algún post anterior:


La lealtad de marca comienza por una experiencia de producto positiva.


Y ahora si, te dejo aquí abajo los datos del hotel para que lo visites en tu próximo viaje a Santiago, y les dices que vas de parte mía.



Hotel Costa Vella.
Calle Puerta de la Peña, 17
Santiago de Compostela.
www.costavella.com

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Gestión de Negocios: La Profunda Relación entre Expectativas, Experiencia y Éxito
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